Jueves,
11 de octubre
Puestos
en tierra vieron árboles muy verdes, y aguas muchas y frutas de diversas
maneras. El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en
tierra, y a Rodrigo de Escobedo, escribano de toda la armada, y a Rodrigo
Sánchez de Segovia, y dijo que le diesen por fe y testimonio como él por ante
todos tomaba, como de hecho tomó,
posesión de la dicha Isla por el Rey y por la Reina sus señores,
haciendo las protestaciones que se requerían, como más largo se contiene en los
testimonios que allí se hicieron por escrito. Luego se juntó allí mucha gente
de la Isla. Esto que se sigue son palabras formales del Almirante, en su libro
de su primera navegación y descubrimiento de estas Indias: "Yo (dice él),
porque nos tuviesen mucha amistad, porque conocí que era gente que mejor se libraría y convertiría a
Nuestra Santa Fe con Amor que no por fuerza, les di a algunos de ellos
unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo, y
otras cosas muchas de poco valor, con que tuvieron mucho placer y quedaron
tanto nuestros que era maravilla. Los cuales después venían a las barcas de los
navíos a donde nos estábamos, nadando. Y nos traían papagayos y hilo de algodón
en ovillos y azagayas y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otras cosas
que nos les dábamos, como cuenticillas de vidrio y cascabeles. En fin, todo
tomaban y daban de aquello que tenían de buena voluntad. Mas me pareció que era gente muy
pobre de todo. Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y tanbién las mujeres,
aunque no vide más de una harto moza. Y todos los que yo vi eran todos
mancebos, que ninguno vide de edad de más de 30 años. Muy bien hechos, de muy
hermosos cuerpos y muy buenas caras. Los cabellos gruesos casi como sedas de
cola de caballos, y cortos. Los cabellos traen por encima de las cejas, salvo
unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. De ellos se pintan de
prieto, y ellos son de la color de los canarios, ni negros ni blancos, y de
ellos se pintan de blanco, y de ellos de colorado, y de ellos de lo que fallan.
Y dellos se pintan las caras, y dellos todo el cuerpo, y de ellos solos los
ojos, y de ellos solo la nariz. Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré
espadas y las tomaban por el filo, y se cortaban con ignorancia. No tienen
algún hierro. Sus azagayas[1]
son unas varas sin hierro, y algunas de ellas tienen al cabo un diente de pece,
y otras de otras cosas. Ellos todos a una mano son de buena estatura de
grandeza y buenos gestos, bien hechos. Yo vi algunos que tenían señales de
heridas en sus cuerpos, y les hize señas que era aquello, y ellos me mostraron
como allí venían gente de otras islas que estaban cerca y los querían tomar y
se defendían. Y yo creí y
creo que aquí vienen de tierra firme a tomarlos por cautivos. Ellos deben ser buenos servidores
y de buen ingenio, que veo que muy presto dicen todo lo que les decía. Y creo
que ligeramente se harían cristianos, que me pareció que ninguna secta tenían.
Yo, placiendo a Nuestro Señor, llevaré de aquí al tiempo de mi partida seis a
Vuestra Alteza para que aprendan a hablar. Ninguna bestia de ninguna manera vi,
salvo papagayos en esta Isla." Todas son palabras del Almirante.
Señor ,
porque sé que habreis placer de la grand victoria que Nuestro Señor me ha dado
en mi viage, vos escribo esta, por la cual sabreis como en 33 días pasé a las Indias,
con la armada que los Ilustrísimos Rey e Reina nuestros señores me dieron donde
yo fallé muy muchas Islas pobladas con gente sin número, y dellas todas he
tomado posesión por sus altezas con pregón y bandera real extendida, y no me
fué contradicho. A la primera que yo fallé puse nombre San Salvador, a conmemoración
de su Alta Magestal, el cual maravillosamente todo esto ha dado: los Indios la
llaman Guanahani. A la segunda puse nombre la isla de Santa María de
Concepción: a la tercera Fernandina: a la cuarta la Isabela: a la quinta la
isla Juana, é asi a cada una nombre nuevo.
[...]
Yo
entendía harto de otros Indios, que ya tenía tomados, como continuamente esta
tierra era Isla: é así seguí la costa della al oriente ciento siete leguas[2]
fasta donde facia fin; del cual cabo vi otra Isla al oriente distante desta
diez é ocho leguas, á la cual luego puse nombre la española: y fuí allí: y
seguí la parte del setentrion, así como de la Juana, al oriente ciento é
ochenta y ocho grandes leguas, por linea recta, la cual y todas las otras son fertilísimas
en demasiado grado, y ésta en extremo: en ella hay muchos puertos en la
costa de la mar sin comparación de otros que yo sepa en cristianos, y farto
rios y buenos y grandes que es maravilla: las tierras della son altas y en ella
muy buenas sierras y montañas altísimas, sin comparación de la isla de
Teneryfe, todas fermosísimas,
de mil fechuras, y todas andables y llenas de árboles de mil maneras y altas, y
parecen que llegan al
cielo; y tengo por dicho que jamás pierden la foja, segun lo pude
comprender, que los vi tan verdes y tan hermosos como son por mayo en España. Y
dellos estaban floridos, dellos con fruto, y dellos en otro término, segun es
su calidad; y cantaba el ruiseñor y otros pajaritos de mil maneras en el mes de
noviembre por allí donde yo andaba. Hay palmas de seis o de ocho maneras, que
es admiración verlas, por la diformidad fermosa dellas, mas así como los otros
árboles y frutos é yerbas: en ella hay pinares á maravilla, é hay campiñas[3]
grandísimas, é hay miel, y de muchas maneras de aves y frutas muy diversas. En
las tierras hay muchas minas de metales é hay gente in estimable número.
La
Española es maravilla: las sierras y las montañas y las vegas y las campiñas, y
las tierras tan fermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar ganados de todas
suertes, para edificios de villas y lugares. [...]
En
conclusión, a fablar desto solamente que se ha fecho este viage que fué así de
corrida, que pueden ver
Sus Altezas que yo les daré oro cuanto hobieren menester, con muy
poquita ayuda que sus altezas me darán: agora especería y algodon cuanto Sus Altezas mandaran
cargar, y almastiga[4] cuanto mandaran cargar; é de la
cual fasta hoy no se ha fallado salvo en Grecia y en la isla de Xio, y el
Señorio la vendo como quiere, y lignaloe cuanto mandaran cargar, y esclavos cuantos mandaran cargar, é
serán de los idólatras; y creo haber fallado ruibarbo y canela, e otras mil
cosas de sustancia fallaré, que habrán fallado la gente que allá dejo; [...]