El cisne (1896)

Rubén Darío

 

Fue en una hora divina para el género humano.

El cisne antes sólo cantaba para morir[1].

Cuando se oyó el acento del cisne Wagneriano[2]

fue en medio de una aurora, y fue para revivir.

 

 

Sobre las tempestades del humano océano

se oye el canto del Cisne; no se cesa de oír,

dominando el martillo del viejo Thor[3] germano

o las trompas que cantan la espada de Argantir[4].

¡Oh Cisne! ¡Oh sacro pájaro! Si antes la blanca Helena

del huevo azul de Leda brotó de gracia llena,

siendo de la Hermosura la princesa inmortal,

 

bajo tus blancas alas la nueva Poesía

concibe en una gloria de luz y de armonía

la Helena eterna y pura que encarna el ideal.

 

Rubén Darío (1867-1916)

 

Su verdadero nombre fue Félix Rubén García Sarmiento. Fue poeta y prosista.

De humilde origen provincial, llegó a ser el máximo exponente del cosmopolitismo latinoamericano y el líder indiscutible del movimiento modernista que tanto influyó sobre toda la literatura de habla española. Viajó extensamente por América y Europa en calidad de diplomático y periodista.

Sus obras reflejan su vida turbulenta y peripatética en la que se entregó con igual

abandono al placer sensual, a las amistades intelectuales, a la lectura de los principales románticos, parnasianos y simbolistas de la época -particularmente los franceses y españoles- y, finalmente, a la meditación. Sus libros más decisivos --Azul (1888), Prosas profanas (1896), Cantos de vida y esperanza (1905) y Canto errante (1907)-- reúnen

en sí todos los valores caros a los varios representantes del modernismo en sus distintas etapas.



[1] Versión clásica del cisne.  El alma del poeta se trasmuda al cuerpo del cisne.

[2] Richard Wagner.  Compositor alemán.  En la ópera Lohengrin, encontramos el simbolismo del cisne.

[3] Thor es el dios del trueno y de la guerra en la mitología germánica.

[4] Argantyr era un guerrero mítico en la saga islandesa Hyndluljoth.  Su espada pasa de padres a hijos.